Cuando le llega el éxito a un emprendedor

De entrada, deseo decir que no pretendo en absoluto dogmatizar ni sentar ningún tipo de cátedra, no estoy en condiciones. De hecho, si algo he aprendido durante el tiempo que llevo siendo emprendedora, freelance y autónoma, es el gran valor de la humildad.

No obstante, sí que me gustaría compartir mi experiencia, por si es de ayuda y utilidad para algunos de vosotros que os encontréis en el difícil momento de decidir cómo empezar: una nueva etapa, un nuevo proyecto, montar vuestra propia empresa…

En primer lugar, hay que detectar en qué eres bueno, cuáles son tus fortalezas, cómo y en qué puedes ayudar a los demás. Si no se hace este ejercicio de interiorización, de búsqueda personal hacia adentro, es difícil luego poder dar. Porque para emprender, hay que estar dispuesto a dar y dar sin esperar nada a cambio. Ya sé que esto puede sonar fatal, porque en estos momentos difíciles, muchos de los que no nos planteábamos montar nuestro propio proyecto, lo hemos hecho casi “por obligación”, y en consecuencia, buscamos un rendimiento económico como resultado a nuestro esfuerzo e inversión, en tiempo y en dinero.

Pero lo que realmente quisiera compartir, la esencia que he logrado destilar en estos años en los que “he hecho la calle” entiéndase bien, puesto que yo venía de la gran multinacional, es que: ATENCIÓN: Cuando tengas un cliente delante, piensa sólo en ayudarle, en cómo puedes, desde tu conocimiento y expertise, colaborar en que él/ella logren sus objetivos. No pienses en lo que va a significar el potencial cliente en tu cuenta bancaria, difícil, eh? Pues sólo a partir de ese momento, en el que sales al mercado con esa realidad, cuando de verdad es lo que sientes y por lo tanto, lo que comunicas a través de todo tu ser, es cuando todo empieza a fluir…de una forma natural. Si las personas perciben que tu intención es auténtica, se abren, se emocionan y se dejan ayudar.

Así, de esta manera tan “poco empresarial” es como yo he logrado enamorar y fidelizar a mis clientes y, claro está, así lo pienso seguir haciendo.

Sé que habrá quién me tilde de “naïve” y poco ortodoxa en los métodos del business, pero también es cierto que en esta vida cada cual ha de buscar y encontrar su camino, tarea nada fácil.

Pues bien, esto es lo que hoy quería compartir.

Me sirven de inspiración y apoyo, las teorías de Raimon Samsó, por ejemplo, que ya ha acuñado un nuevo término: el Marketing Espiritual o Marketing Consciente, que me encanta y comparto absolutamente.

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